JIM MORRISON Y PAMELA COURSON

 

El 3 de julio de 1971, en un departamento de la calle Beaureillis de París, Pamela Courson dormía compartiendo la cama con Jim Morrison. Estaban drogados con heroína y Morrison había tosido bastante escupiendo sangre. Hacía dos meses que tosía y escupía sangre. No hizo nada al respecto. Tampoco Manzarek, Krieger ni Densmore, los otros integrantes de The Doors, la banda de la que Jim era líder absoluto. Ellos lo vieron interrumpir los ensayos para toser un poco y secarse la sangre pero no se les ocurrió que debían hacer algo al respecto. 
Esa noche, mientras dormía al lado de Pamela, Morrison se despertó tosiendo. Fue al baño y vomitó sangre. Pamela estaba tan drogada que no diferenciaba su mano derecha de la izquierda. De  algún modo se las arregló y pudo seguirlo al baño, vio lo que hacía y volvió a la cama sin inquietarse para nada. Jim abrió las canillas de la bañadera y la llenó para meterse adentro. El agua caliente podría hacerlo recuperar un poco. Pero había mezclado alcohol, cocaína y heroína, y no era una buena idea darse un baño de inmersión. Como suele pasar, se quedó dormido. Demasiado dormido como para reaccionar cuando su cuerpo resbaló sumergiéndose la cabeza. Pamela acabó por despabilarse un poco y regresó al baño. Tuvo un ataque de histeria pero pudo llamar a uno de esos médicos que no quieren problemas. La policía tampoco complicó la historia. Morrison había tenido un infarto.


Jim era hijo de un almirante de la marina estadounidense. Cada vez que al padre lo trasladaban, dejaba atrás a sus amigos, el barrio, la escuela, y aparecía algo nuevo. Esto era común y lo hizo poco apegado a quedarse en un sitio o a tener intensos tratos de amistad con alguien. Lo que más le importaba era el arte. Leía todo lo que encontraba, escribía poemas; a veces, pintaba. Fue a la universidad y, un poco después, decidió estudiar cine. Ya se había distanciado de su familia y hacía su propio camino. Andaba varios días con la misma ropa porque no se compraba otra cosa que no fueran libros y se ubicó en una azotea de Los Ángeles viviendo con lo que podía sacar de la música que tocaba en algunos tugurios. Morrison había conocido a Ray Manzarek, un tecladista que se hizo productor, y a Manzarek le gustaron los poemas que Jim le mostró. Se podían hacer canciones con ellos. Encontraron un par de músicos y formaron The Doors.


Pamela Courson eran una chica con pocas amistades. Sus padres eran más bien huraños y no trataban demasiado con la gente. Pamela parecía tener su propio mundo y no dejaba que nadie accediera a él. En la secundaria de Orange Hills, una escuela tradicional de California, no era mala en los estudios. El problema era otro: casi nunca iba a clases. Al fin, decidió irse de ahí y viajar a Los Ángeles para compartir un departamento con un amigo. También, para escuchar rock y consumir un poco de droga sin que nadie la molestara. Por supuesto, no era nada tonta y tenía pretensiones de ser alguien en la vida, así que se inscribió en Los Angeles City College, que, entre otras cosas, ofrecía estudios de arte y cursos de teatro. Una noche fue a un club nocturno de segunda línea, The London Fog, y conoció a Jim Morrison. 



Morrison no era un tipo común. Su nivel de inteligencia era muy elevado, leía filosofía y poemas, se drogaba todo el tiempo, componía canciones, era un buen cantante, y las mujeres le rondaban como las moscas de verano al jugo derramado sobre la mesa. Poco lugar quedaba para que una chica ocupara un lugar privilegiado en su vida. Sin embargo, Pamela Courson lo consiguió. Es cierto que no fueron demasiado fieles pero se mantuvieron juntos en medio de un torbellino que a otros los hubiera distanciado. Se conocieron en 1965, cuando ella tenía diecinueve años y Jim, veintidós y, todavía nadie sabía demasiado de él. Recién comenzó a llegar la fama cuando The Doors tocó en Whisky a Go Go, un sitio nocturno de moda, y se conoció «The End», una canción a la que Morrison le cambiaba la letra todas las noches, improvisando según le viniera en gana. Pero Jim tenía un problema serio: sufría de pánico escénico y le era imposible dar el concierto sin tomar drogas que le hicieran vencer el miedo. De modo que su drogadicción fue en ascenso, tanto como para convertirlo en un experto sobre el tema. A Pamela no le quedó sino seguirlo en el ritmo que él imponía. No podía quedarse demasiado atrás y debía ir de prisa. Ya había miles de chicas con pretensiones de sustituirla. 


Morrison se salía de las reglas como cosa común. Algunas veces, cantó toda la noche dando la espalda al público, en alguna ocasión se le dio por mostrar el pene en el escenario y lo llevaron detenido; también se le ocurrió hacer una variación en «The End» y cerrar la canción inspirándose en Sófocles y su Edipo: «¿Padre?»/«Sí, hijo»/«Quiero matarte»/«¿Madre?» /«Quiero cogerte» (I want to...¡fuck you!).
Claro, al dueño del lugar le pareció excesivo y lo echó. Pero Paul Rotchild estaba entre el público. Y Paul era el dueño de Elektra Record, una empresa discográfica a la que le iba bastante bien. Se arrimó a Morrison y le hizo una propuesta. 
The Doors grabó el tema pero Morrison cambió el diálogo con sus padres por un grito. Una ligera concesión para no dañar en exceso la moral de la época. 
En ese primer álbum se encontraba «Enciende mi fuego» (Light my fire), una canción que cuenta de una pareja «llegando alto» (getting high), lo que era una forma de hablar  sobre los efectos de la droga. Letra y música pertenecían al guitarrista de la banda, Robby Krieger, pero Morrison la llevó a la fama con su voz. Era el año 1967 y The Doors o Morrison, que es lo mismo, comenzaban a «llegar alto».
Morrison, además de ser uno de los mejores cantantes de rock de la historia y un notable poeta, tenía vicios firmes: el alcohol, las drogas y las mujeres. Fueron incontables sus relaciones con las grupis y hasta con Janis Joplin, la que casi le parte la cabeza de un botellazo. 
Pamela lo quería demasiado y lo entendía, seguramente, no le gustaba lo que Jim andaba haciendo con otras mujeres pero no se apartaba de él. Para estar a su lado había nacido, según ella decía. Jim estaba de acuerdo. Ninguna otra pudo separarlo de Pamela desde el momento en que se conocieron. Risas, llantos, angustias, las compartieron tanto como la bebida y las drogas. Pamela lo alentaba y estaba convencida de que era un gran poeta. Morrison se había propuesto lo mismo que muchos en esos años: cambiar el mundo.
En un famoso y polémico recital en Miami, en marzo de 1969, comenzó a hablar haciendo una poderosa defensa de la libertad. Después de una pausa, cuando se esperaba más de él, se limitó a pedir que hicieran lo que se les ocurriera, que quería verlos bailar y cantar. Que se divirtieran. No parecía un llamado a ninguna revolución. Él lo aclaró más tarde: ya había tenido demasiados problemas judiciales. Todo lo que pretendía era cambiar el mundo cantando. No lo consiguió. O sí.


En 1969, The Doors era la única banda estadounidense capaz de competir con The Beatles o Rolling Stones. Un par de años después, Morrison estaba definitivamente en la cima y, como siempre, con Pamela a su lado. 
El problema era que Jim tenía un juicio sobre su cabeza. Por ese asunto de haber mostrado el pene y simular una masturbación en público podía ir preso. Por supuesto que no tenía ganas de estar encerrado. Así que conversaron bastante con Pamela y decidieron dejar todo e irse a París. 
En definitiva, lo que más deseaba Morrison era ser escritor. Ya había publicado dos libros de poemas que tuvieron poca venta y permanecieron muy lejos del éxito de sus canciones. Era lógico, no es mucha la gente con ganas de leer poesías. Sobre todo, la que es profunda y se hace necesario pensar un poco. La gente prefiere unas pocas palabras acompañadas de tres o cuatro notas. Nada que haga pensar demasiado y dañe el cuero cabelludo por el lado de adentro.
 


El fin llegó en la noche del 3 de julio, en París. 
Morrison murió en una bañadera. 
No demoraron demasiado en aparecer las versiones que se dan en estos casos: Jim murió en su cama y alguien lo metió en la bañadera. 
O murió en el baño de un tugurio, escupiendo sangre y baba después de consumir vodka, gin, cocaína y una sobredosis de heroína. Luego, dos narcotraficantes lo llevaron al hotel y lo pusieron en la bañadera para mantener caliente el cuerpo y evitar que se supiera la hora precisa de la muerte.  
O murió porque el dealer de Jim le dio una dosis excesiva. Esto lo contó, muchos años después, Marianne Faithfull, la misma que se había acostado con Mick Jagger y Keith Richards y que era la amante del dealer. Ella presintió algo malo y no fue con su pareja a ver a Jim. Se quedó en el hotel para drogarse tranquila. Sea cierto o no, a la Faithfull le sirvió para promocionar su decadente carrera.
O Morrison no murió y su muerte fue una simulación ideada por él para desaparecer en el anonimato, motivo por el que su féretro fue transportado en secreto a Estados Unidos llevando piedras adentro. Aunque, en realidad, el féretro siga en el mismo cementerio francés teniendo adentro a un tipo comido por los gusanos desde hace mucho. 
O se suicidó eligiendo una forma muy compleja de suicidio y comprometiendo seriamente a la mujer que amaba, a la que había hecho heredera por testamento, y que estaba con él en el mismo departamento. 
El asunto es que hubo quienes ganaron algo de dinero escribiendo libros y artículos sobre «la verdadera historia de Jim Morrison» o «cómo murió Jim Morrison». Estos tipos presentaron las pruebas que demostraban cómo murió realmente o cómo no murió y anda vivo en alguna parte hasta que decida regresar para formar una nueva banda con la que estrenará las canciones que compuso mientras permaneció escondido. 
En fin, lo de siempre en las muertes de un tipo o una tipa famosos: aparecen las hienas arrojándose sobre el cadáver. Toda esa clase de parásitos dispuestos a hacer o decir lo que les pidan los editores come carroña si el resultado es llenar sus bolsillos de unos dólares con los que consigan sobrevivir un par de meses, hasta que los pierdan en las mesas de juegos o comprando la heroína que los metan en el paraíso artificial y los hagan olvidar por unas horas quiénes son en realidad.
Lo único cierto es que Jim Morrison fue un tipo de talento que sufrió bastante y que no encontró otro camino para aliviarse que tragar cuanta droga encontró. Y que consiguió el alivio por completo cuando la droga lo mató. 
Él creía en el destino. Aunque nunca se enteró, el destino decidió que muriera en el baño de un departamento de París, en una noche de julio, mientras, muy cerca, a pocos metros, la chica que más lo quiso estaba demasiado drogada como para darle una mano.
 

Pamela heredó los bienes de Morrison. El padre almirante y la esposa del almirante iniciaron un juicio por esto. El dinero les hizo recordar que tenían un hijo al que no se molestaron en ayudar cuando los necesitó. Todo lo que le interesaba era el dinero de su hijo. Les resultaba difícil entender que él había decidido que todo lo que era suyo quedara con Pamela y no con gente con la que ya no tenía nada que ver. Así suelen ser estas cosas. Muchos usan la palabra amor pero la palabra dinero la silencia. 
Pamela usó el dinero para comprar mucha droga y aislarse del mundo real.
Tres años después del suceso de París, Pamela organizó una fiesta con algunos amigos en su departamento de Hollywood. 
En un momento, se tomó un largo trago y dijo algo así como: «Escuchen, Jim lleva demasiado  tiempo esperándome». 
Después, entró sola al dormitorio.
La dosis de heroína fue lo bastante alta como para matarla. 


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JAMES DEAN Y PIER ANGELI


El 25 de noviembre de 1954 fue un día que dejó marcas, al menos, para dos personas. Una de ellas, era una chica italiana que, como su hermana gemela, había decidido hacerse actriz y soñaba con llegar a Hollywood. La chica, cuando era una adolescente, filmó en su país dos películas que la hicieron famosa. Tan famosa como para ser llevada a Hollywood y cumplir su sueño. Todo el mundo conocía a Pier Angeli, la chica para la que ese día era importante. No era para menos. Estaba en la iglesia y era el día de su casamiento. Se casaba con el cantante Vic Damone.
La otra persona para la que ese día era especial, estaba afuera de la iglesia, sentado bajo la lluvia. Era un chico miope y desaliñado, de poco más de veinte años, y parecía esperar que ocurriera alguna cosa. Había sido el novio de Pier Angeli hasta que la madre de ella usó todos los recursos y consiguió separarlos. No le gustaba para su hija. Ella merecía algo mejor. Vic Damone estaba bien, era un cantante bastante conocido, hijo de italianos y católico. Mucho más apropiado como marido que ese chico bastante raro, también actor, pero poco conocido. El chico había acabado de filmar Al este del Edén, haciendo su primer papel protagónico, pero la película no se estrenaría hasta marzo del año siguiente. Faltaban unos meses para que comenzara a convertirse en uno de los actores más famosos del mundo y en uno de los mitos del cine. Mientras tanto, ese día de noviembre, James Dean esperaba alguna cosa, sentado bajo la lluvia, enfrente de la iglesia en la que se casaba Pier Angeli.


Si algo tienen en común James y Pier Angeli es el modo vertiginoso en que viven la vida.
Cuando comienzan a ser novios tienen 23 años, él y 22 años, ella. Todo lo hacen con intensidad y con la pasión de los que parecen creer que no van a llegar a viejos. O no quisieran llegar a serlo. Se los veía unidos y contentos, yendo a fiestas, caminando por las calles, o andando en autos que James manejaba a gran velocidad. Nadie tenía dudas de que esos dos formaban una pareja muy especial. Sin embargo, no estaban destinados a estar juntos sino unos pocos meses. Los suficientes como para dejar una huella imborrable en cada uno de ellos. La madre de Pier Angeli, que, de verdad, tenía influencia sobre ella, la separó de él. No le gustaba ese chico para su hija, la estrella. ¿Cómo iba a estar junto a alguien que no se preocupaba por su ropa, que había días en que no se afeitaba, que andaba en autos apretando a fondo el pedal acelerador, que no era católico, y que andaba con mujeres y, según se comentaba, también con hombres? En definitiva, Pier Angeli no era más que una chica italiana de Cagliari que buscaba un marido que la quisiera y le diera hijos. Le hizo caso a su mamá y, con la misma rapidez con la que hacía todo, en el mismo año en que rompió su noviazgo con James, se casó con Vic Damone, el cantante.


A los nueve años, James perdió a su madre. Ella murió de cáncer y el niño se quedó sin la única persona que lo hacía sentir querido y comprendido. Su padre, un técnico dental, era uno de esos tipos que no pueden hacerse cargo de sus hijos, así que mandó a James con su hermana. 
El matrimonio de Ortense y Marcus Winslow vivía en una granja de Fairmount, un pueblo de  Indiana. Eran cuáqueros y, como buenos fieles, seguían al pie de la letra los consejos del reverendo James DeWeerd, que estaba al frente de la comunidad cuáquera. El pastor se interesó en James. Pasó mucho tiempo con el chico y, seguramente, le vio condiciones para algunas cosas que se le ocurrieron. Así fue que le inculcó el interés por el arte y en otros asuntos de la vida. Como buen pastor, supo ser un buen guía. Siempre se mantuvo muy cerca del niño. Tan cerca como para abusar sexualmente de él y causarle un trauma por el resto de su vida.


Cuando pudo irse, James se fue a Los Ángeles. Tenía dieciocho años y quería ser actor. Estuvo en la universidad y viajó a Nueva York para estudiar en el Actor´s Studio. Tomó como modelo de actuación a Marlon Brando, a quien le copiaría el modo de hablar, los gestos y hasta los tics, pero, como le dijo el mismo Brando a Truman Capote, nadie parecía darse cuenta. 
Después de algunos papeles insignificantes en cine y alguna actuación algo destacada en teatro, Elia Kazan lo eligió para el papel de Cal Trask, en  Al este del Edén, basada en la novela de John Steinbeck.
Kazan, justamente, había dirigido a Brando en Nido de ratas, y era tan bueno en el trabajo como tan canalla como delator y calumniador de sus amigos comunistas, durante la caza de brujas del maccartismo. 
Kazan, de la misma forma en que lo había hecho con Brando, hizo que James diera lo mejor de sí en Al este del Edén y tuviera una actuación memorable. A la vez, y a pesar de ser un hombre casado y conocerse varias de sus relaciones con mujeres, se comentaba la homosexualidad de Kazan. Un paso más y se llegaba a que Brando y James habían conseguido los papeles principales por acostarse con él. Incluso, Paul Newman y Brando se enemistaron el resto de sus vidas por esa razón. El papel del fracasado boxeador Terry Malloy, de Nido de ratas, había sido dado a New-man y que Kazan se lo quitara para dárselo a Marlon solamente podía tener una explicación: que se lo había ganado en la cama. El propio Paul, que había quedado muy resentido, se encargaba de afirmarlo.
Claro, aunque pudiera haber algo de cierto, mucho tenían que ver el odio y la envidia. Por el lado de Brando, gente como Newman parecía pasar por alto que ya se lo consideraba el mejor actor de Hollywood por sus actuaciones en Un tranvía llamado deseo, Viva Zapata y Salvaje y que por los tres papeles había sido nominado al Oscar.
Por el lado de Kazan,  todo estaba muy relacionado con el odio que había despertado en gran parte de los actores estadounidenses al haber arruinado la vida de varios de los que habían sido sus amigos. Ser comunista o simpatizante del comunismo en los Estados Unidos en época de la caza de brujas, comandada por el inquisidor republicano senador McCarthy, significaba perder el trabajo y ser tratado de antipatriota. No era algo menor. Por el contrario, era demasiado grave. Muchos tuvieron que dedicarse a vender aspiradoras o a firmar guiones con el nombre de otro para ganarse la vida. Kazan había hundido la carrera de unos cuantos con el sólo objetivo de salvarse él. Logró quedar libre de sospechas pero no pudo evitar que el barro le llegara hasta el cuello.
Por otra parte, para un actor con pretensiones de ser apreciado por las mujeres, resultaba lapidario que se conociera su homosexualidad. Los estudios se encargaban de hacer todo lo que se pudiera para evitar que se supiera la vida íntima de unos tipos que tenían todo el derecho de hacer lo que quisieran, mientras no perjudicaran a nadie, pero que no podían hacerlo libremente con lo que, en realidad, no tenían derecho alguno. 
En fin, la relación con Elia Kazan hizo que, de ahí en adelante, la homosexualidad de James se insinuara toda vez que se pudo. No parecía convencer a nadie que se le viera paseando con muchas mujeres bonitas cuando se radicó en Hollywood. 
El público veía romances mientras los que conocían la industria veían farsas organizadas por los estudios. Pero, es cierto que algunas de esas farsas terminaron siendo verdaderas historias de amor.


Ana María Pierangeli era italiana y, desde niña, quería ser actriz. Como su hermana gemela, María Luisa, que se hizo llamar  Marisa Pavan. La madre de las gemelas estaba todo el tiempo junto a ellas, siguiendo paso a paso sus carreras y llevándolas a cuanta prueba cinematográfica había. Finalmente, su interés en el destino de sus hijas, tuvo éxito y Ana María, a los dieciséis años, consiguió un buen papel en Mañana será tarde, junto a Vittorio de Sica. La película fue un éxito mundial y, de la noche a la mañana, todos conocían a Ana María.  Al año siguiente, en 1950, filma Mañana será otro día, que se convierte en su pasaporte a Hollywood. Le cambian el nombre sin demasiado esfuerzo de imaginación y, partiendo su apellido, la llaman Pier Angeli. 
Filma una media docena de películas, se hace más famosa todavía, fabrican muñecas con su nombre, tiene un romance con Kirk Douglas, con el que había trabajado en Tres amores, y, en los primeros meses de 1954, conoce a James Dean.
 

James, en un año y medio, filma tres películas: Al este del Edén, Rebelde sin causa y Gigante. Le alcanza para ser dos veces nominado al Oscar e ingresar en el selecto grupo de los mitos del cine de Hollywood. 
En 1955, está filmando Gigante, con Rock Hudson y Elizabeth Taylor, y el 30 de septiembre sale al camino con su Porsche. James corre carreras de automóviles, su otra pasión. Va hacia Salinas a participar en una. 
Por alguna razón, hace un par de cosas que no encajan de-masiado. Una ocurre la noche anterior, cuando le regala su gato a Elizabeth Taylor, diciéndole que tiene miedo que le suceda algo, como si hubiera tenido un presentimiento o hubiese tomado una decisión. La segunda: no lleva el coche enganchado en un remolque sino que decide conducirlo, lo que no es habitual cuando se lleva un auto de carrera a una pista de competición. Los dos actos sirven para hacer creer que había decidido suicidarse. Fue lo que muchos dijeron. Sin embargo, no hubiera sido muy correcto de su parte decidir el suicidio estando acompañado por su amigo y mecánico, Bill Hickman, que iba a su lado. 
Un estudiante manejaba un Ford. Iba en sentido contrario al de James y su Porsche. Chocaron de frente. Bill salió despedido y cayó en la banquina, con la mandíbula y la pierna rota, y siguió vivo para 
Después de su muerte, un doble lo sustituye en las escenas finales de Gigante y corren los comentarios sobre su romance con Elizabeth Taylor. Las revistas de espectáculos sugieren que pudo tratarse de un suicidio por amor. Algo que agrada al público y mantiene intacta la virilidad de James. Otros, que conocen de cerca la intimidad de los estudios, no tienen dudas que el romance ha sido con Rock Hudson, que, después del accidente y el fin del rodaje, cae en una profunda depresión durante meses. 
Rock, casi treinta años después, será lo suficientemente valiente como para convertirse en el primer hombre famoso en declarar públicamente estar enfermo de la peste rosa , como se le llamaba al sida en los años ochenta, en obvia alusión a la homosexualidad. 
Cuando Gigante se estrena, en muchos de los cines, el público de jóvenes hace detener la proyección y retroceder el film hasta las escenas en las que aparece James. Desde la pantalla, él, de alguna manera, es el representante de una generación que, para mejor o peor, están cambiando la formalidad del mundo con el rock, la forma de vestir, la libertad sexual, la marihuana.


Pier Angeli, entre tanto, sigue con su vida. Se divorcia del cantante cuatro años después de haberse casado y de haber tenido un hijo.
Ella y su carrera de actriz van en un tobogán, directo a dar con el traste contra el piso.
Vuelve a Italia, filma unas películas mediocres; se casa por segunda vez, en 1963, con el compositor Trovaioli, tiene otro hijo, se separa en 1966, aunque el divorcio legal se produce tres años después. Queda poco de lo que era.
Mientras James Dean fue un símbolo de la rebeldía y de una parte de la juventud de la posguerra, que se sentía incom-prendida, Pier Angeli personificó la inocencia, una de esas chicas virtuosas a las que uno imagina llegando virgen al matrimonio.
Pertenecían a castas diferentes.
Por alguna razón, el destino los juntó durante un tiempo corto. Pero lo bastante intenso como para dejar una huella en la historia de los romances del siglo 20.
James se mató a los veinticuatro años.
Pier Angeli, a los treinta y nueve.
Se suicidó con barbitúricos. Dejó una nota.
No había demasiadas palabras.
Apenas las necesarias para decir que James Dean había sido el gran amor de su vida.
Ella y su carrera de actriz van en un tobogán, directo a dar con el traste contra el piso.
Vuelve a Italia, filma unas películas mediocres; se casa por segunda vez, en 1963, con el compositor Trovaioli, tiene otro hijo, se separa en 1966, aunque el divorcio legal se produce tres años después. Queda poco de lo que era.
Mientras James Dean fue un símbolo de la rebeldía y de una parte de la juventud de la posguerra, que se sentía incomprendida, Pier Angeli personificó la inocencia, una de esas chicas virtuosas a las que uno imagina llegando virgen al matrimonio.
Pertenecían a castas diferentes.
Por alguna razón, el destino los juntó durante un tiempo corto. Pero lo bastante intenso como para dejar una huella en la historia de los romances del siglo 20.
James se mató a los veinticuatro años.
Pier Angeli, a los treinta y nueve.
Se suicidó con barbitúricos. Dejó una nota.
No había demasiadas palabras.
Apenas las necesarias para decir que James Dean había sido el gran amor de su vida.


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ALAIN DELON Y ROMY SCHNEIDER


Una mujer completamente borracha, que fuma un cigarrillo tras otro, se acuesta en su cama. Sobre su mesa de noche hay un frasco con barbitúricos. Los toma todos. 
Para ella, ese 29 de mayo de 1982, podría haber sido un día como cualquier otro. Como uno de esos días habituales en los que fuma sin parar y bebe alcohol hasta perder la conciencia. Un poco antes, ha terminado de filmar "La pasajera de Sans Souci". Ha filmado más de cincuenta películas con directores como Orson Welles o Visconti. También ha trabajado en teatro. Ha ganado dos premios César y la crítica la considera una de las mejores actrices del mundo. Para la gente, ella es Sissi. Pero es Romy Schneider y ha decidido que ese día no sea como los anteriores. Este es el día de su suicidio.


En 1955, Romy tiene 17 años. Ya ha filmado películas románticas y es bastante conocida. Pero ese año se encuentra con Sissi y se convertirá, interpretando a la emperatriz de Austria, en una de las actrices más famosas del mundo. 
Años después, en otros papeles, demuestra que tiene gran talento. Sin embargo, su cara y su cuerpo quedan para siempre unidos a Sissi. 


Romy es austriaca y muy joven, así que a todas partes la acompaña su madre. Incluso a Hollywood, en donde los estudios Disney se esfuerzan para convertirla en una estrella internacional. 
Romy no quiere seguir haciendo papeles azucarados pero su madre la convence de que debe interpretar una vez más a Sissi.  En total, actuará como dulce emperatriz en tres oportunidades. Por suerte para ella, le ofrecen un papel en Francia. Ella no sabe hablar francés pero acepta. Es una manera de alejarse de Sissi. 
La película que va a filmar se llama "Amoríos". El actor principal es enviado a esperarla al aeropuerto. En definitiva, Romy es una estrella. El actor es casi desconocido y ha filmado un par de películas de poca trascendencia el año anterior, en 1957. Para él es una buena chance poder trabajar junto a Romy.
Romy desciende del avión junto a su madre. Ve a un joven muy bien vestido y muy atractivo sosteniendo un ramo de flores. El joven sonríe. Romy toma el ramo y así conoce a Alain Delon.


Alain no tiene mucha experiencia como actor. Ha llegado a serlo casi por casualidad. Su amigo Jean Claude Brially sí es actor y lo ha llevado al festival de Cannes de 1957. Allí ven su apariencia y le ofrecen papeles. Tiene 22 años y consigue actuar en dos películas antes de que acabe el año.
Hasta entonces, ha tenido una vida agitada. Sus padres se divorcian, él tiene mala conducta en los colegios y lo expulsan de varios. A los 17, se incorpora al ejército y va a pelear a Indochina. Al regresar a Francia, hace un poco de todo para sobrevivir: trabaja como mozo de restaurante, como vendedor y carnicero. 
Hasta que va a ese festival y, un año más tarde, lleva al aeropuerto un ramo de flores para dárselo a una actriz que será el gran amor de su vida.


Delon comienza a hacer buenas películas y a mostrarse como un actor interesante a partir de "A pleno sol", dirigida por René Clement, en la que personifica a Ripley, el famoso personaje literario de Patricia Higsmith. Ese año de 1960, también trabaja en "Rocco y sus hermanos", de Visconti.
Su romance con Romy atrae a los periodistas y a los críticos. Juntos forman la pareja ideal: llena de belleza, juventud y fama. 
Pero hay cosas que inquietan a Romy. El comportamiento de Alain resulta ambiguo. Él tiene una gran amistad con Visconti. Esto no tendría nada de extraño a no ser por la compleja personalidad del director: un aristócrata comunista, con vicios, y homosexual. 
Visconti es un muy buen director y sabe lo que tiene que hacer para mantener lo que tiene. Le ofrece a Romy trabajar en teatro. La obra es "Lástima que sea una puta", del inglés John Ford. Los personakes centrales son dos hermanos incestuosos. Delon hará uno de los protagonistas; ella, el otro. Pero Romy tiene dudas porque su francés no es muy bueno. Lucha para mejorarlo y sube a las tablas. A partir de ese momento, su carrera cambia por completo. En el escenario demuestra su talento y la crítica no ahorra elogios hacia ella. La prensa considera que su trabajo ha estado muy por encima del que hace Delon.




Alain y Luchino Visconti hacen varios viajes a diferentes lugares. Alrededor de ellos hay rumores que no tardan en llegar a oídos de Romy. Parece natural que la pareja comience a tener problemas. Alain y Visconti son amantes.
Todo esto es difícil de soportar para una muchacha de un poco más de veinte años. La presión la lleva a tomar mucho alcohol y a consumir drogas.
Después de algunos años, la relación se rompe.
Para muchos, es una verdadera pena. Es sabido que Romy ama a Delon. Y casi nadie duda de que él también la ama, a pesar de la ambigüedad de sus preferencias sexuales.
Por separado, ambos inician lo mejor de su carrera de actores. Él se instala en forma definitiva como el símbolo sexual francés y ella realiza muy buenos trabajos en donde puede demostrar sus condiciones como actriz de talento y su especial belleza, que la ha llevado a ser considerada la mujer más hermosa del mundo.




En 1965, Alain lleva un año casado con una actriz marroquí, Natalie Delon. 
Romy ha tenido amantes y ha filmado "El Proceso", con Orson Welles y "El cardenal", con Preminger. Son varias películas importantes las que la tienen como protagonista. Está en el mejor momento de su carrera. También ha conocido al que será su marido, el actor y director de teatro Harry Meyen. Pero falta algo. Un llamado telefónico de Delon ofreciéndole un papel. La película es "La piscina" y será mediocre pero la hará mostrar lo que ningún espectador hubiera imaginado en alguien que ha protagonizado a Sissi: la poderosa sensualidad que posee.




Poco a poco, Delon se va convirtiendo en uno de los mitos del cine. Romy no deja de trabajar pero tampoco abandona su idea de tener una familia. Se casa con Harry y tienen un hijo, Christopher. Es 1968 y Romy decide dejar de trabajar durante un par de años para estar cerca de Christopher. Después, retoma la actividad y filma "Las cosas de la vida", dirigida por su amante Claude Sautet. La presencia de Sautet empeora su vínculo con Harry, ya muy desmejorado, y acaban separados en un matrimonio que dura demasiado poco.
No pasa demasiado tiempo para que se una a Delon para filmar "El asesinato de Trotsky" y vuelva a encarnar a Sissi. Esta vez, la versión nada tiene del endulzado romanticismo de las que ha filmado en los años cincuenta. La dirige Visconti en "Luis II de Baviera", con otro actor amante del director, Helmut Berger. Al comienzo, el papel de Berger estaba destinado a Delon pero el director lo desplaza por su nuevo amorío.
Al mismo tiempo, a Romy le ocurren dos cosas: su padrastro muere y ella descubre que él la ha estafado gastando gran parte del dinero que le pertenece. Además, debe afrontar un largo juicio por la tenencia de Christopher que termina ganando a cambio de darle a su ex marido más de la mitad del dinero que tiene.




Los amantes que tiene Romy son muchos. Nunca deja de fumar ni de beber. Pero no se la ve demasiada afectada. El que ha tenido problemas graves ha sido Delon.
En 1968, uno de los guardaespaldas de Alain aparece muerto a tiros. La investigación policial descubre relaciones de Delon con mafiosos y políticos. Realmente se encuentra muy comprometido. Pero se trata del actor más famoso de Europa y uno de los más notorios en el mundo. Por otra parte, ha acumulado mucho dinero y conexiones importantes. El escándalo es enorme pero él es Delon. Como en muchos otros países, también en Francia el poder y el dinero surten efecto: todo queda en la nada.
Delon se separa de Natalie casi de inmediato. Lo que se ha comentado es que ellos y el guardaespaldas formaban un trío sexual. Por alguna razón, el guardapespaldas termina muerto después de una noche de alcohol, drogas y sexo. En la casa solo estaban ellos tres. 
Para mejorar su imagen masculina, Delon se casa con rápidez con Mireille Darc. De todas maneras, el incidente no hace mella en la carrera de Delon. Por el contrario, la potencia y él comienza a filmar una serie de films  policiales que aumentan su fama.
En su vida privada, cada vez se hacen más conocidas sus relaciones con narcotraficantes, las orgías en las que participa, las conexiones que realiza entre millonarios y actrices, siempre obteniendo beneficios de dinero o de poder. 




Romy nunca deja de actuar. Es lo que la rescata de las sombras en las que va sumergiéndose. En 1979, Harry se suicida ahorcándose. Esto la impresiona y la deprime. Su estado es tan grave que debe dejar a Christopher al cuidado de sus abuelos. Pero, como otras veces, se repone y vuelve al cine. También a enamorarse. Esta vez de Daniel Biasani con el que se casa y queda embarazada. Pero pierde al hijo.
Daniel no es el hombre al que Romy quiere. Todo en su vida amorosa parece girar en torno a Alain Delon. Nunca se han separado del todo. Mantienen una gran amistad y realizan algunos viajes juntos. Pero, siempre, algo sucede para que no puedan estar plenamente felices. Lo que sucede no es nada extraño. Simplemente, la vida de Delon y sus gustos sobre el sexo.




Romy se separa de su segundo marido y se relaciona sentimentalmente con Laurent Petin, un buen hombre que trata de cuidarla de sus borracheras. 
Ella es una muy buena profesional y filma con Marcello Mastroianni casi al mismo tiempo que comienza a padecer problemas serios de salud. Deben operarla de un pie y del riñón. Su depresión es fuerte pero le falta lo más grave que le ocurrirá en la vida.
Christopher está jugando en su enorme casa donde vive con Romy. Ella no está. Christopher resbala desde una ventana y cae sobre las rejas que rodean la casa. Las rejas terminan en afiladas puntas de lanzas. Christopher queda colgado de la reja, con el cuerpo atravesado por las lanzas. 
Alain Delon es llamado y es él quien va a buscar a Romy para darle la noticia. Cuando ella llega al hospital, su hijo está muerto.




Ocho meses después de la muerte de su hijo, en esa noche del 28 de mayo de 1982, Romy Schneider, una de las actrices más famosas y talentosas del mundo, a los 43 años, toma todo el alcohol que puede, fuma varios atados de cigarrillos, se droga y acaba tomándose un frasco de pastillas.
Alain Delon es llamado de inmediato. Él se encarga de todo. Pero no va al funeral. No quiere mezclarse entre los centenares de fotógrafos y las decenas de miles de personas que asiste.
Muchos años más tarde, se limitará a decir que Romy ha sido el gran amor de su vida.